9 mar. 2015

Soufflé: Mucho ojo con lo que te metes




Si Charles Burns y David Lynch montaran un guateque en un gasolinera, preparasen un ponche de zarzaparrilla, le echasen unos tripis, invitasen a David Cronenberg, a Mezzo, a Pirus, a Dave Cooper y a Stephen King, en el subidón se tatuasen el cuerpo con admoniciones apocalípticas, bailaran todos desnudos alrededor del fuego y en la bajona tuvieran la ocurrencia de dibujar un cadáver exquisito... Lo más seguro es que les saliera un cómic de Cristian Robles. Uno parecido a Soufflé.

El soufflé es una nueva droga natural. Sus efectos inmediatos son semejantes a los del cannabis pero más intensos y duraderos. Los secundarios, sin embargo, se parecen más a una pesadilla, una invasión alienígena o un desastre nuclear. Alucinaciones, daños cerebrales, mutaciones físicas e incluso pérdida irreversible de miembros y órganos vitales. Las autoridades advierten de los riesgos y la prensa se hace eco de las fatales consecuencias, pero la juventud no está para sermones y el consumo de bolas de soufflé se extiende.

Cristian Robles, un barcelonés avistado primero en las páginas del fanzine Clift y luego dándolo todo en IKEA Dream Makers (DeHavilland Ediciones), aquel cómic sobre un tío atrapado en los conductos de ventilación de la multinacional de las albóndigas, se viste de gala para ofrecernos la obra que va a consagrarle como la revelación de la temporada.

Tomad nota, esto es muy serio: Soufflé es una de las novelas gráficas más sugestivas en su género, que no sabemos cuál es porque es diferente a todos. Una enigmática historia que oscila entre la serie negra, el terror y la comedia congelada. De flipar.

Ediciones La Cúpula declina toda responsabilidad sobre las consecuencias que podrían derivarse de la lectura de Soufflé. El lector queda avisado. Ahora tiene las primeras páginas aquí.

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