18 feb. 2014

Vuelve la barba


Las barbas están de moda. Tal vez sea una moda pasajera, pero de momento ahí están de nuevo, como el babero generacional que siempre han sido, agitando los bares, vistiendo a los hipsters, combatiendo el frío y la crisis, dando de qué hablar. Pero con las barbas hay que andarse con cuidado y ponerlas a remojar en cuanto veamos que pueden irse de madre, que también es posible…

El joven Stephen Collins, de nombre inconfundiblemente británico, cuenta con una amplia experiencia como ilustrador de prensa en las páginas de The Guardian, Wired, The Times o The Wall Street Journal, un trabajo de síntesis que contamina su faceta como autor de historieta y le lleva a abordar el diseño de página, el dibujo y la propia narrativa de una manera pulida y diáfana, haciendo que el lector se encuentre sumergido en la historia nada más asomarse a ella, incluso cuando la historia se presenta tan enigmática y estrambótica como la de La gigantesca barba que era el mal.

En su debut como novelista gráfico, Collins mezcla el género catastrofista con la comedia kafkiana pasada por el tamiz del terror y la fábula para todos los públicos. No se trata de una opción fácil, pero el inglés se demuestra capaz de salir airoso de la propuesta y nos ofrece un cómic original, absorbente y distinto a todo donde se cuenta la historia de Dave, un oficinista de rutinas corrientes, aficionado al dibujo y a la música ligera, que de pronto se verá sometido por el horror capilar, viviendo una experiencia que se ampliará a todos sus conciudadanos y tomará dimensiones asombrosas.

La gigantesca barba que era el mal es una sátira deliciosa que pone en juego aquello que no vemos y que late bajo la piel, el otro lado de las cosas, y hasta aquí podemos leer porque nos parece preferible que experimentéis por vosotros mismos la gigantesca aventura. De momento, aquí os ofrecemos un adelanto con las primeras páginas.

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