11 feb. 2014

La vida de Beto


De Beto Hernandez sabemos que es uno de los más grandes narradores de nuestro tiempo. Narra en forma de historieta, pero decimos que es uno de los más grandes narradores así, en general, porque esto es algo que puede decir con la boca grande cualquiera que haya leído cuatro páginas suyas de entre los cientos que ha dibujado desde que desde hace décadas empezase a hacerlo en las páginas de Love & Rockets. Allí, desde muy temprano, demostró que estábamos ante un ingeniero del costumbrismo con toque poético, un arquitecto de la ficción pop con aspecto de culebrón y, sin exagerar, alguien próximo a lo que llamamos un genio en cuanto a la construcción de personajes.

En Tiempo de canicas, el álbum que este mes presentamos, Beto propone una obra autónoma, vinculada en tono a su universo artístico de siempre pero esta vez fundada en la realidad pura y dura, la suya, pero también, por identificación, la de todos. Una primera obra claramente autobiográfica donde el autor hace un ejercicio retrospectivo para detectar e iluminar con sus dibujos aquellos rincones de la infancia que los adultos hemos extraviado en el recuerdo.

Tiempo de canicas es un mosaico de aquellos instantes de experiencia, observación y cuestionamiento que todos creemos recordar, pero que en verdad percibiremos despertar por primera vez en nosotros, tanto tiempo después y como por arte de magia, cuando leamos de qué manera los evoca Beto. Lo hace a partir de referencias, de situaciones quirúrgicamente extractadas de la realidad y de diálogos en apariencia de poco fuste, pero cargados de significado. No sabemos cómo lo hace, pero lo hace.
Tiempo de canicas es una lectura que nos lleva a revivir, sin apelar a la nostalgia ni a los sentimentalismo baratos, como sólo un maestro sabe hacerlo, aquella época incierta y a la vez tan intensa que nos hizo tal y como somos.

Si quieres asomarte a aquel Tiempo de canicas, ponte cómodo y lee aquí las primeras páginas.

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